CUANDO LOS GENTRIFICADORES ERAN LOS BARCELONESES Y LAS BARCELONESAS

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La gentrificación es la castellanización de un término común en las grandes urbes anglosajonas que define un proceso según el cual una clase social adinerada se desplaza hacia un barrio económicamente modesto para acabar expulsando a los residentes nativos. Sin embargo en la actualidad el término gentrificación se utiliza más bien para describir un tipo de proceso inmoral y abominable a través del cual un conjunto de personas ricas, capitalistas y sedientas de lucro parece que se dedican a echar sin piedad a los pobres nativos de un barrio popular, a destruir la vida de un barrio que vivía en perfecta armonía, con una relación ciudadana y vecinal ejemplar.

El concepto gentrificación sirve pues más bien en la actualidad para simplificar -una vez más- los conflictos urbanos entre buenos (los pobres vecinos nativos del barrio popular) y malos (los ricos que quieren echarlos). Si aceptamos este esquema tan simple no es extraño entonces constatar tanto la moda de escandalizarse ante cualquier proceso de gentrificación como que ésta se utilice como indicador irrefutable de la maldad inherente del sistema capitalista. Últimamente en Barcelona, ​​por ejemplo, el término gentrificación se utiliza estrechamente vinculado a los efectos negativos del turismo, a los miles de personas que visitan la ciudad y que como consecuencia -se dice- generan una dinámica de aumento de los precios de la vivienda y de expulsión de los vecinos especialmente de los barrios más céntricos de la ciudad.

El problema una vez más es de enfoque, de visión de conjunto puesto que la gentrificación no es que sea un indicador es que es el propio capitalismo, somos nosotros mismos nos guste admitirlo o no, tengamos la honestidad para hacerlo o no. O quizás nuestros padres o nuestros abuelos. Y es que se quiera reconocer o no, es altamente probable que hayamos participado directa o indirectamente de un proceso de gentrificación. Sin ir más lejos puede ser bueno recordar por ejemplo que la creación del Eixamplebarcelonés no es más que una macro-proceso de gentrificación destinado a la “necesidad” acomodar las nuevas clases ricas, a garantizar el crecimiento urbano fuera de las murallas y a disfrutar de los beneficios especulativos producidos por tener que urbanizar 1.100 hectáreas de terreno.

Pero quizás el caso más mediático en la actualidad es el de Ciutat Vella, el centro histórico de la ciudad. Tal y como muchos exponen -escandalizados-, parece ahora que la invasión turística amenaza con destruir el tejido social y cultural del Distrito. Cabe recordar sin embargo que el proceso de gentrificación no se inicia con la llegada masiva de turistas si no mucho antes. Concretamente podemos situarnos a mediados de los 80 para señalar el inicio del proceso de gentrificación cuando trasladarse al centro histórico -entonces viejo, sucio y abandonado- empezó a ser cool. Coincidiendo con la llegada de nuevos residentes procedentes de otros barrios más acomodados de Barcelona -que adquirieron viviendas a precio de saldo para luego revenderlas en algunos casos a precios astronómicos- se inició un largo proceso de mejora deCiutat Vella: se empezaron a rehabilitar los primeros edificios, los mercados, las plazas y las calles; se abrieron los primeros bares fashion, después vinieron las tiendas locales de ropa y así durante treinta años en un lento pero constante proceso de mejora evidente del espacio público. Es entonces fácil comprender que el progresivo proceso de mejora fuese atrayendo cada vez más a nuevos residentes procedentes de otros barrios en un constante y sostenido proceso de gentrificación: los precios fueron subiendo, las viviendas pequeñas se pasaron a denominar Lofts, proliferaron los hoteles y la Ribera pasó a ser más conocido como el Born. El proceso de gentrificación de Ciutat Vella tuvo aún un nuevo impulso cuando por efecto de los Juegos Olímpicos medio planeta quiso acceder a aquella ciudad con una vida social, cultural y económica tan activa, con una clima agradable y tan bien ubicada frente al mar. La proliferación de hoteles no se hizo esperar para poder alojar a los nuevos visitantes.

De esta manera con el paso de los años algunos de los primeros gentrificadores se convirtieron en víctimas de un nuevo estadio gentrificador de Ciutat Vella. Otros en cambio, no, simplemente se han adaptado conscientes tal vez que ellos o ellas en algún momento también contribuyeron a cambiar de manera radical la geografía del distrito. Cuando los primeros gentrificadores vinieron a Ciutat Vella todavía se podía ver niños jugando al fútbol justo delante de la Catedral, cuando los autocares aparcaban enfrente. En aquél entonces en Barcelona prácticamente no había turistas y nadie les podía responsabilizar aún de los males de la ciudad. Entonces los gentrificadores sólo eran barceloneses y barcelonesas.

Ciertamente la gentrificación es un proceso real pero hay que superar simplificaciones sobre fenómenos complejos que tienen múltiples perspectivas, orígenes y causantes. Al fin y al cabo, el escenario social y económico actual reclama con urgencia tanto la adopción de visiones estratégicas como la valentía necesaria para impulsar procesos de innovación económica de empoderamiento ciudadano.