¿Por qué a algunos gobiernos no les gusta la economía colaborativa?

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por Miquel Conesa.

Estos días las noticias hablan de una nueva amenaza de movilizaciones de los taxistas de Barcelona.  Presionan para que la Generalitat acabe definitivamente con UBER en Catalunya.

Para quienes no lo sepáis, UBER es un servicio de reserva de  taxi con llamada previa. Un tipo de servicio que hace décadas que existe en Catalunya. Hay muchísimas empresas que se dedican con coches grandes, de lujo o limusinas

Los UBER sólo funcionan con llamada previa. No pueden estar en paradas de taxi. No pueden estar en las colas de puertos y aeropuertos. no pueden cargar pasajeros sobre la marcha mientras circulan por la ciudad .

Entonces, si siempre ha existido este tipo de taxi privado,

¿Por qué UBER levanta tantas ampollas ?

Con UBER cualquier persona que tenga un coche adecuado y un smartphone, puede ser chófer.
Además en ciudades como Londres, un UBER te recoge donde le digas…. ¡¡ en 3 minutos!! .  Y aquí es donde se produce el choque frontal con el sector del taxi tradicional.

Os cuento mi experiencia personal de hace pocos días, en Londres:

  • Pido el taxi en la App de UBER, y le indico el punto de recogida en el mapa.
  • El conductor tiene muy buenas evaluaciones de otros usuarios. Lleva un Audi A6.
  • Tarda 3 minutos en llegar.
  • Subo al coche. El conductor es muy  amable.
  • En un mapa del móvil, puedo ver el trayecto más corto recomendado,  el recorrido que está haciendo el Taxi y el coste del trayecto. Todo en tiempo real.
  • Llego al destino y se carga la tarjeta de crédito.
  • Servicio más económico que el taxi tradicional
  • Al momento recibo la factura por email, con el mapa del recorrido y un cuestionario de satisfacción.

Desde el punto de vista del consumidor es un servicio impecable.

El chófer no puede hacer ningún trapicheo. Todo queda registrado. Paga impuestos.
Una mala valoración en la app puede dejar al conductor sin clientes, o incluso expulsarlo de la plataforma.

¿Es necesario regular esta actividad?

La economía colaborativa ha existido siempre. Compartir tu coche, alquilar una habitación en casa, el trueque, micro-créditos entre amigos… Todo tiene en común que se comparten bienes a pequeña escala, de igual a igual (P2P).

Hasta ahora, la administración pública nunca había entrado a regular este tipo de actividades, porque tenían un impacto económico muy limitado. Era un negoció pobre, que no generaba impuestos.

Pero los tiempos están cambiando. Internet ha entrado por la puerta grande.

Google,  Facebook, Tripadvisor, Homeaway, Airbnb, Linkedin y muchos más, han tendido el puente que extiende los limites de crecimiento de la economía colaborativa:   la confianza.

Ahora podemos confiar en personas que están en la otra punto del mundo y que aún no conocemos.

  • Hay estudios que nos dicen que los jóvenes se fían mas de Google que de las administraciones públicas.
  • Cuando buscamos un lugar donde ir de vacaciones, miramos las valoraciones de otros viajeros en internet. Nos fiamos más de TripAdvisor que de cualquier sello de calidad turística del ministerio.
  • Subimos al coche de un desconocido, tras comprobar que tiene un perfil intachable en BlaBlaCar o en UBER.
  • Financiamos nuestros proyectos con plataformas de Crowdfunding, como Goteo o Kickstarter.
  • Dejamos entrar en nuestra casa a turistas con buena reputación en Airbnb o Homeaway.

Resulta que es mucho más efectivo garantizar la calidad de un buen servicio mediante un sistema de evaluaciones abierto y transparente, como el de Airbnb o Homeaway, que mediante libros de reclamaciones debajo del mostrador de la recepción de un hotel.

¿Quién no ha vivido la frustración de hacer una reclamación a una empresa altamente regulada?
Laberintos de contestadores automáticos. Una reclamación oficial no sirve de nada.
Las empresas de telefonía son las que tienen más quejas en las organizadores de consumidores, seguidas por las eléctricas y los bancos.
Nuevamente la mejor solución la encontramos en las redes sociales. Escribes en los foros que hablan de estas empresas, y enseguida se ponen en contacto contigo para solucionar el problema.

¡Qué curioso! Incluso en los sectores más regulados, la transparencia de las redes sociales es la mejor forma de controlar los abusos.

Una nueva generación de jóvenes educados y conectados a Internet, están decididos a aprovechar los beneficios de esta nueva economía colaborativa y no aceptan regulaciones obsoletas que lo impidan.

La generación que sube no quiere un “papa estado” sobre-protector.
Con la globalización el estado ha cedido terreno a las grandes corporaciones y a los mercados financieros.
Ha perdido peso en nuestras vidas.  Ya no puede garantizar los niveles de bienestar que han disfrutado generaciones anteriores.

Entonces,

¿Qué papel debería jugar la administración?

Al estado le toca regular sin miopía. Hacer leyes para favorecer a los ciudadanos de a pie y el progreso social.
Leyes que no vayan contra el último que llega, y que sólo protejan a los que llegaron antes.
Regular para que salgan actividades nuevas y beneficiosas para toda la comunidad.

Pero también tiene que  evitar que se produzcan irregularidades. Asegurar que se pagan los impuestos correspondientes.
Regular para que se produzca una transición ordenada hacia nuevos escenarios.
Preocuparse de que el 80% largo de taxistas autónomos, no salgan perjudicados.

También UBER ha puesto al descubierto otros problemas latentes en el sector y que ahora tocaría solucionar con la nueva regulación.

Contratos precarios a chóferes de flotas  y un mercado de traspaso de licencias, donde se paga más de 100.000€ por una licencia. ¿Qué parte de los ingresos de un taxista se va a pagar intereses a un banco?. ¿Quién se puede permitir ser Taxista en Barcelona hoy ?

Los tiempos están cambiando.  Manifestaciones de taxistas.  Manifestaciones de vecinos  en la Barceloneta…  Y miles de turistas “happies” paseando por las calles de nuestra ciudad.